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Nivel cero

  Llegamos a las escaleras de la “penitencia”, otro regalo del genio que dise?ó este lugar. Al verlas ambos nos desanimamos y lo peor de todo, es que en la cima solo había un bebedero, que siempre tenía agua tibia saliendo de un tubo oxidado.

  Que nos saludó amablemente al llegar hasta él, explotando cuando abrí el grifo. De la rabia le di una patada tan fuerte que lo saqué de su base, rodando escaleras abajo llamando a muchas de esas súper iguanas.

  Nos encerramos en el comedor de profesores, dejando entrar a uno de ellos para que Luz completara la misión. Aunque más le importó la comida que había en el lugar y mientras ella devoraba sobras que aún estaban buenas, yo revisé de nuevo mi panel de estado.

  “Adquieres el control total de todo lo que puedas rodear con una mano”. Eso seguía sin convencerme por completo. Tomé varios cubiertos y algunos escombros peque?os, pero no podía sentir nada especial, para empezar. ?Qué es el control total? Quizá lo que pasó con la varilla solo fue un caso extremo.

  — ?Qué tanto miras?

  — Solo mi panel de estado. Y hazme un favor y no hables con la boca llena

  — ?Por qué tienes menos destreza que yo?

  — En serio. A ver, déjame ver el tuyo

  Casi me lanza su panel al rostro, la aparté un poco y al ver sus estadísticas. Entendí lo que me decía padre sobre “ser diferentes” a las personas de fuera de la gens.

  — Qué carajo con esas estadísticas, y tú habilidad… ?Qué se supone que es esa habilidad?

  — De verdad. Bueno, yo puedo decir lo mismo de las tuyas, no es eso demasiada resistencia. Y pues, creo que puedo usar la electricidad o algo

  — No es que tenga mucha, tú eres la que tiene poco. Además ?no que sabías de estas cosas?

  — Pues una cosa es verlo y otra hacerlo, de hecho, ?Cómo es que utilizas la tuya?

  — No lo sé. Cuando me di cuenta, puf, la hoja ya estaba ahí, y pues el escudo se abre solito cuando quiero que lo haga

  — Eso suena muy conveniente. Presta

  —No me mires así. Ten —al pasarlo el escudo envolvió su brazo— ya te digo, solo piénsalo

  — Oh, es cierto —retrajo el escudo— Pero igual. Eso no explica por qué eso es tan liviano y afilado

  — No exageres, sé que tiene una forma medio rara, pero es ?un machete? Una herramienta especializada en corte. Dejando eso de lado, recuerdo que los poderes son más difíciles de usar. Entre mayor sea el rango, y suponiendo que el máximo es cinco, yo estoy a la mitad y tú la tendrías más fácil o más difícil de usar

  — No crees que el inventario y el panel en nivel dos ya nos dice eso, digo si ya nos acostumbramos a usarlos siendo nivel… clase… tipo, dos. Creo que mi cuatro significa que es más difícil —comenzó a murmurar cosas

  — Pues tienes razón

  — ?En qué?

  — En todo, y ya te dije que no hables con la boca llena. Mejor dicho, cuánto más vas a comer, apenas es media ma?ana

  — Ya es de tarde, mira —apuntó al reloj maltrecho

  Nos levantamos un poco tarde, pero no siento que se me haya ido mucho tiempo en la consola y el instituto es grande, aunque no lo suficiente como para que pasaran cuatro horas.

  Ella volvió a meter comida en mi boca, esta vez una pierna de pollo grasienta, intenté rechazar, pero ella empujó con más fuerza haciéndonos caer al suelo. A distancia cero noté algo, que de alguna manera ignoré pese a lo llamativo que era. Unos ojos bicolores, uno verde claro y el otro parecía un dorado opaco. Al sentir mi fijación se levantó tan rápido que me sacó el aire del estómago.

  Verla comiendo cómo una ardilla tratando de que no le quiten nada, me hizo entender de por qué me dijo que era considerado. Y tal vez la razón por la que Elena era cómo era. Pero la realidad es que no lo había notado, por eso no comenté nada, ahora yo era el que se sentía mal.

  Esas costumbres y tradiciones tan da?inas de seguro le hicieron la vida difícil. “Larajikuho” otro enemigo jurado de los estrella, algo de conocimiento público por leyendas y hechos. Sus miradas nerviosas cuando me senté de nuevo eran prueba de que temía mis palabras, o acciones. Incluso paró de comer para darme su plato.

  Intenté hablar, pero una de esas cosas rompió la ventana iniciando el ataque. Uno cayó con un golpe de silla, a otro lo aplasté con una mesa, y los últimos tres que se me atravesaron los dejé con el cerebro fuera.

  El suelo te?ido de rojo me recordó lo de ayer, pero el asco había desaparecido. No había más espacio para debilidad “la duda es el primer paso a la tumba” y sin miedo, solo queda rabia. Una gran rabia que descargué sobre todas esas abominaciones, quienes atacaban sin miedo ni descanso.

  The narrative has been taken without permission. Report any sightings.

  [] Atención participante. El participante ha adquirido la suficiente experiencia para subir de nivel. Se le otorga un punto de estado []

  [] Por favor seleccione la estadística a aumentar []

  El susto del mensaje me trajo de nuevo a la realidad, y sin pensarlo demasiado subí la resistencia. Luego me fijé en un posible error o quizá una advertencia de lo que venía “nivel 0”. Si subí de nivel, no se supone que sea uno, o acaso tenía nivel negativo.

  Cuando se lo comenté a Luz también se quedó pensando un rato, solo para rendirse al minuto siguiente, y al intentar comer de nuevo la detuve. Por toda la sangre que traía encima, me reprochó con peque?os golpes, porque mi matanza fue lo que pintó la sala de rojo opaco.

  Camino a las duchas del gimnasio, insistí sobre la subida de nivel y me nació otra duda.

  — Oye Luz. Solo por preguntar ?Qué estadística se te aumento cuando completaste la misión?

  — La velocidad y me salió un mensaje de que tenía que conseguir más puntos para conseguir una habilidad asociada

  — ?Cuántos?

  — Cuatro ?A ti te pidieron más?

  — Menos. Solo dos y lo que me aumentaron fue la destreza. Por un instante creí que subirían la estadística más baja por defecto, pero creo que no es así

  — Quizás es al azar, cómo las habilidades. Aunque eso solo sería una se?al que tienes muy mala suerte

  — Algún día eso dejará de ser un problema. Por ahora apurémonos, que la sangre ya se me pegó a la piel y me está dando algo

  Después de confirmar apresuramos el paso, pero al llegar al gimnasio nos sorprendió ver cómo, literalmente, el edificio fue tragado por un agujero tan profundo que aún con el sol en lo más alto no se veía el fondo. Lanzamos una piedra, pero ni el eco escapaba de esa puerta al vacío, dejando cómo única alternativa la lavandería que se usaba para las cortinas o trajes de eventos.

  Mi uniforme ya se había te?ido de café por completo, las partes blancas ya no se diferenciaban y, lo peor, encontré una rajadura que cruzaba la parte de la espalda. No había forma de revisarme, pero bueno, una mancha más a la vaca. Nada que resalte entre todas las que ya tengo.

  Esa maldita Elena, ni muerta deja de causarme problemas. Sangre, sangre, carne, huesos, y más sangre, esa sí es una marca que no sé cómo borrarla. “La redundancia es la madre de la pereza”, pero no podía no pensar en ello. Menos con las vendas sucias enredadas en mi brazo, gritándome que lo de ayer pasó, que ya no me puedo escudar tras los mayores de la gens, que este cabello y apellido han perdido todo su valor, que ésta es la nueva vida que debo llevar, que debo proteger a Luz.

  Entonces se escuchó un rugido poderoso, el de un animal marcando territorio, una muestra del poder de la bestia. Pero era muy fuerte, grave y resonaba tanto que casi pude sentir vibrar el aire.

  Luz me gritó desde el otro lado de la lavandería, aunque la pude calmar con una excusa barata, no le mentí sobre el peligro. Me lancé un balde de agua fría para despertarme y no bajar la guardia en lo que ella terminaba de asearse.

  En la espera más larga de mi vida, descubrí la amplia variedad de información que tiene el panel de estado, desde el significado de las estadísticas hasta la estupidez de experiencia que requiere el siguiente nivel.

  Con dos de esas mega iguanas adquirí ocho puntos y siendo lo patoso que soy en matemáticas no sé cuántos necesito matar para llegar al medio millón, pero sé que es demasiado. O quizá al subir la dificultad también den más experiencia, tal vez subí de nivel porque maté a esa bestia y las iguanas solo rellenaron lo que faltaba.

  — De nuevo con el panel

  — ?Cuánto es medio millón dividido a dos?

  — Doscientos cincuenta mil. ?Por qué? ?Descubriste algo nuevo?

  — ?Y doscientos cincuenta mil entre cuatro?

  — Sesenta y dos mil quinientos. ?Por? Es matemática básica ?por qué no lo haces tú solo?

  — ?Cuántas de esas iguanas maté?

  — No sé, muchos…

  — Un aproximado —interrumpí

  — No sé. ?Y hazme un favor y responde cuando te preguntan! —gritó, golpeándome con una toalla

  — Pasa que cuando pulsas en el nivel, sale cuánta experiencia falta para subir de nivel. Y pues del cero a uno, hay medio millón. Suponiendo que del menos uno al cero hay la mitad, y que cada una de esas cosas da cuatro puntos de experiencia…

  — No cuadran los números. Tendrías que haber hecho un genocidio para subir de nivel

  — Pero aún está esa bestia del primer día, eso debía dar muchos puntos. De lo contrario no tiene sentido

  — Pero eso significa que los que no pudimos matar uno de esos, vamos a tardar una eternidad en subir. Aunque eso explicaría por qué dan puntos por completar misiones

  Ella volvió a sumergirse en sus pensamientos, aunque ya lo ha hecho varias veces no me terminó de acostumbrar a la velocidad y tono en el que habla, más aún cuando la llamo o cambiamos de tema, haciendo cómo si todo ese huracán de pensamientos no hubiera pasado.

  Seguimos lo que quedaba de camino en silencio. En mi mente organizando todas las ideas y teorías de la manera más lógica posible, cualquier cosa era de ayuda, pero sentía que ya había alcanzado el límite diario. Entre la misión, los niveles y la experiencia, me era muy parecido a esos juegos malos que disfrazaban lo pésimos que eran con dificultad, tachando al jugador de ser incapaz o de odiar a la desarrolladora.

  Mi cabeza se iluminó al recordar que la primera misión era matar a tres bestias, lo que pondría a todos en nivel cero, casi uno. Pero nadie lo completó o mejor dicho “uno de los pocos”, sin ninguna cifra real solo puedo imaginar de mil a dos mil personas.

  Y un rayo cayó en mi mente. ?Qué pasó con los demás? En todo este recorrido solo encontré a Luz, Elena y al sujeto que las iguanas se comieron, pero el lugar tiene mínimo un aforo de más de tres mil quinientas personas, con espacio de sobra para muchas más. Y si la población se redujo por el terremoto y las bestias, no serían “esos pocos”, muchos menos. Además de que debieron tener un arma a la mano para hacerlo, reduciendo más y más el número, pero siendo así ?Cuántas personas quedamos entonces?

  El sonido de un golpe metálico me regresó a la tierra, junto a un dolor pulsante con una agradable sensación tibia bajando por mi brazo, que poco a poco se convirtió en un ardor frío. Caí al suelo luego de otro impacto en el abdomen, y otro más que detuve con el escudo por puro instinto.

  Mi mirada cayó en los dos chicos que luchaban de manera salvaje lanzando proyectiles al azar, cuando otro fue lanzado tuve que proteger a Luz y pese a que sabía que gritaba, que algo muy malo estaba pasando. En mi mente solo surgía el pensamiento, la necesidad, de erradicar esas amenazas con forma humana.

  Pero no pude ni dar un paso o siquiera tomar aire antes de que mis párpados se volvieran pesados, los brazos comenzaron a sentirse cómo tubos, las piernas ya no respondían, mi corazón quería salirse del pecho, la cabeza daba cátedra de quejas y gritos que no salían de mi boca, llena de un sabor salado amargo.

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