CáPíCULO 1
Cenizas que aun Respiran
Ciudad Hélix no duerme; sobrevive a su propiedad agonía bajo un resplandor eterno de neón y vapor químico, aquella noche caminaba por sus calles como tantas otras veces, sintiendo el aire peso ara?arme la garganta, una mezcla de ozono, metal quemado y polvo antiguo que desde la Gran Insolación se volvió parte del paisaje, como si el mundo hubiese decidido calcinarse y dejarnos a nosotros el trabajo de reconocer las cenizas. El horizonte era una hilera de edificios ennegrecidos contra un cielo que olvidó el azul, y aun así la ciudad seguida funcionando, girando sobre sus engranajes oxidados de comercio y chatarra funcional, muchos dicen que Hélix sigue viva; yo siempre la vi como un cadáver inmenso que todavia no termina de enfriarse, y nosotros, simples parásitos que aprendices a alimentarnos de lo que queda, aquí sobrevivir no es algo sencillo,es una obligación diaria que te va triturando los tonos hasta que aceptas que para sobrevivir el precio mío por seguir respirando suele ser quitarle la vida a otros
Las torres corporativas se alzaban como pilares funcionales que no cargan nada, brillando con una opulencia, hologramas gigantes prometían felicidad embotellada, implantes de última generación y una segunda oportunidad en órbita, pero en los distritos bajos esas promesas eran solo luces que acentuaban las ojeras hundidas y la piel enferma de quienes trabajaban turnos imposibles por un pu?ado de rexius, aprendí temprano las reglas de esta ciudad: caminar rápido, no llamar la atención, no deber más de lo que puedas pagar y jamás confiar en quien sonríe demasiado, en Hélix, el que sobresale suele recibir una advertencia, y normalmente esa advertencia viene en forma de una bala de rifle, y muchas veces en la cabeza
Me desvié por un callejón para evitar un control de implantes en la Avenida 4, no tengo metal en el cuerpo; mis brazos siguen siendo de carne y hueso, algo casi ofensivo en este siglo, no porque crea que lo orgánico sea mejor, sino porque jamás tuve dinero para implementarme algo de eso, pero la Patrulla de Seguridad no necesita razones para detener a alguien; cuando faltan algunos rexus, cualquier rostro cansado sirve como estadística que llenar. El callejón olía a basura húmeda y óxido rancio, y un grupo de hombres apoyados sobre cajas con logos corporativos borrosos me observó en silencio, evaluando si valía la pena convertirme en problema de ellos, no aceleré el paso ni agaché la cabeza, el miedo es un lenguaje que aquí todos entienden; mostrarlo es invitar a que te roben o que te maten
Subí las escaleras de mi edificio, un bloque de hormigón que parecía mantenerse en pie por pura terquedad, cada pelda?o crujía bajo mis botas como si protestara por mi peso, en el tercer piso, el foco del pasillo parpadeaba con su espasmo habitual, negándose a morir del todo, me detuve frente a la puerta 3B y golpeé siguiendo nuestro código: diez golpes siguiendo el tema musical de un videojuego de hace a?os
La cerradura electrónica, reparada mil veces con piezas de desecho, liberó el pestillo, Sarah abrió apenas una rendija
— oh, pensé que eras Jet, el de las pizzas — menciono con humor abriéndome la puerta
Entré y aseguré el cerrojo antes de responder, el apartamento era peque?o y estaba invadido por placas base, cables y piezas de hardware desarmado, Sarah, mi hermana peque?a de 14, estaba sentada en el suelo, rodeada de chatarra, la luz azulada de una pantalla vieja le iluminaba el rostro, marcando el cansancio que intentaba ocultar tras, posiblemente, una o dos noches sin dormir
—Había controles en el sector cuatro —dije, dejando una bolsa con latas de comida y artículos sobre la mesa— Buscan implantes ilegales otra vez
—Como si alguien aquí pudiera pagar uno, y que sea legal —respondió sin levantar la vista, concentrada en soldar un circuito
Sarah tenía un talento especial, donde otros veían basura, ella veía material para inventos o para reparar artículos ya desechos, si el mundo fuese distinto, estaría dise?ando sistemas para alguna empresa robótica, no reciclando juguetes rotos
—Conseguí un trabajo —murmuré
El soldador se detuvo, ella levantó la mirada y supe que había entendido el significado real de esa palabra, mirándome con cara amargada
—Dijiste que no volverías a hacerlo, John
—Dije que lo intentaría
El silencio se llenó con todo lo que no queríamos nombrar: deudas acumuladas, facturas atrasadas, el filtro de agua que ya no aguantaba otro mes, afuera empezó a llover, una lluvia pesada que arrastraba polvo ácido contra los cristales agrietados
—No puedes seguir arriesgándote así —susurró— recuerda lo que le paso a Xai
—La ciudad ya nos condenó cuando nacimos aquí —respondí, y me arrepentí al ver cómo bajaba la mirada
Me acerqué y le revolví el cabello con torpeza
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—Solo será una vez más, el pago sé que es suficiente para reunir lo necesario y salir de aquí
Los dos sabíamos que era una promesa algo estúpida, pero en Hélix las mentiras piadosas también alimentan
Salí una hora después bajo la lluvia, el encargo era simple: recoger un paquete en el distrito industrial y llevarlo al punto acordado sin hacer preguntas, el dinero fácil siempre es el más caro…y no precisamente por la facilidad del trabajo
El galpón donde me entregaron la caja vibraba por un generador clandestino, el hombre que me la dio llevaba una máscara respiratoria y no pronunció más que lo necesario, el paquete pesaba más de lo que esperaba; no tenía el peso irregular de drogas o piezas sueltas, sino algo como si la caja estuviera llena provocando el peso, no pregunté nada, en este tipo de encargos es mejor no preguntar, guardé la caja en mi mochila y regresé a la calle
No llegué lejos
Escuché el ronroneo eléctrico antes de ver la furgoneta negra doblar la esquina con las luces apagadas, entendía las se?ales y intenté mantener la calma, pero cuando las puertas traseras se abrieron comprendí que aquello era mi se?al de correr
—Deja la mochila, John —ordenó una voz distorsionada desde el interior
Me conocían, de alguna manera me conocían, cosa rara porque solo Sarah sabe mi verdadero nombre
—Solo soy el mensajero —respondí, mientras mi mano buscaba el resonador de Sarah en el cinturón
El primer disparo pasó rozando mi oreja, al instante corrí, definitivamente me querían muerto, las balas impactaron en tuberías y muros, levantando vapor, giré en un callejón sin salida y traté de escalar una reja oxidada, pero el peso de la mochila me traicionó, una bota me aplastó la espalda y me arrancaron la mochila con violencia y un golpe en la cabeza nubló mi visión
— Que pena por ti chico — escuche a mi lado — pero el se?or Carnage no quiere…—dijo alguien, sonaba como un se?or mayor —… clavos sueltos — termino mientras un sonido de un disparo resonó por el ambiente
El disparo que sentí fue un golpe seco en el abdomen, un calor insoportable que me dejó sin aire, sentí cómo la sangre se mezclaba con la lluvia formando un hilo oscuro que corría hacia la alcantarilla. Pensé en Sarah esperando detrás de la puerta 3B, intenté respirar una vez más, pero el frío empezó a expandirse desde mis extremidades hacia el pecho
Creí que todo terminaría ahí
Escuché pasos, el sonido de zapatos pisando los charcos de agua, imposibles de confundir con los de un carro?ero, pues estos sonaban más tranquilos y despacio que los rápidos y desesperados de esos desquiciados
Unos zapatos negros impecables se detuvieron frente a mí. Levanté la vista y lo vi: un hombre alto, vestido con un traje oscuro perfectamente ajustado y una corbata roja que parecía latir con luz propia. Su rostro estaba cubierto por sombras, ya sea porque era de noche o por mi visión reducida, y donde deberían estar los ojos solo brillaban unos lentes rojizos
—Qué manera tan patética de morir, John —dijo con voz suave, casi amable.
Intenté hablar, pero la sangre me llenó la boca.
—No te esfuerces, no creo que tengas fuerzas para responder, tomando en cuenta que te esfuerzas en respirar a pesar de estar al borde de la muerte — menciono mientras la lluvia caía, pero de alguna manera, pareciera que su traje no se mojaba— … esa terquedad es interesante, sigues tratando de sobrevivir, a pesar de, bueno, tu situación je — dijo con algo de humor
Sentí rabia, pero no fuerza
—No…moriré… —logré balbucear —…ella… — escupí sangre antes de terminar mi frase
— vaya, vaya, que divertido —respondió, inclinándose mostrando una sonrisa— o si cierto me olvide presentarme, que mala educación, me puedes llamar Black Jack
Sacó de su bolsillo una placa triangular negra, al sostenerla entre sus dedos, las sombras parecieron arremolinarse alrededor del objeto, por un instante adoptó la forma de una peque?a pirámide tridimensional, puntiaguda y filosa
—Te ofrezco un trato —continuó— Te devuelvo la vida, o mejor dicho evito que mueras, y te concedo poder, un poder que ningún humano podría tener en milenios… — menciono mientras que la lluvia pareciese que dejo de ser gotas de agua a gotas de sangre— a cambio, te tengo un peque?o trabajito, hay personas en esta ciudad que me deben favores, que quise cobrar pero que por algunos motivos… —hizo una pausa— problemáticos, lograron escapar de sus tratos y necesito a alguien que los encuentre y cobre en mi nombre
Lo miré sin entender del todo, pero comprendiendo lo esencial: era eso o dejar a Sarah sola en Hélix
—?Ella… estará a salvo?
— Eso lo decides tú
—…acepto
La pirámide volvió a aplanarse como una placa triangular y luego, sin previo aviso, se expandió otra vez en su forma tridimensional. Black Jack la apoyó sobre mi pecho y la piedra atravesó mi carne y se incrustó en mi pecho, como si hubieran apu?alado allí, un frío absoluto me recorrió la columna, apagando el dolor
—Bienvenido al juego, John
El mundo se oscureció por un momento y…no había nadie más que yo y la lluvia
El aire regresó a mis pulmones con violencia, la herida estaba cerrada, pero en eso sentí un dolor en mí pecho, me incorporé lentamente, la lluvia caía, pero parecía evitarme, toqué mi pecho y sentí la superficie lisa de la placa bajo la carne
Regresé al edificio 3B mi cuerpo respuesta con dificultad como si hubiera sido apaleado por un montón de carrereros, cuando el foco del tercer piso paradeó sobre mi cabeza, explotó con un chasquido seco
Y allí lo vi, la puerta de nuestro departamento abierta o, mejor dicho, derribada, fui rápidamente casa donde daba la habitación y solo vi todo destruido, cajones en el suelo, pantalones y cables destruidos
—Sarah…

