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Florezcan Mientras Aún Haya Tierra (IV)

  —Yo… solo usé palabras —susurró Maribel, sin abrir los ojos—. No fue tanto.

  ?Te equivocas. Los signos y las palabras son catalizadores. Usarlos sin el soporte espiritual adecuado fuerza la conexión entre tu mente y la estructura del mundo.?

  [Resultado: desbordamiento de percepciones no filtradas.]

  —?Desbordamiento...?

  El mundo se torció.

  Las hojas temblaron, pero no por el viento. Maribel vio —no con los ojos, sino con algo más profundo— miles de miradas sin cuerpo observándolos entre los árboles. Susurros en idiomas que no existían. Ecos de pensamientos que no eran suyos.

  —Basta... —se llevó las manos a la cabeza—. No quiero escuchar.

  [Negación detectada. Las conexiones no pueden cerrarse por voluntad. Las vidas en otros espacios te observan.]

  Su respiración se aceleró. Podía sentir emociones ajenas: el miedo de Aether, el agotamiento de Amara, el dolor en el hombro de Richard… pero también algo más. Una tristeza enorme, antigua, que no pertenecía a ninguno de ellos.

  —?Qué es esto...?

  ?Son fragmentos de las emociones colectivas del área. La tierra conserva recuerdos.? Dijo la voz humana.

  Maribel miró el suelo. Entre las raíces rotas había manchas oscuras que no eran sombra. Sangre seca, absorbida por la tierra.

  Y entonces lo vio. Una visión involuntaria, nítida y brutal:

  —Gente… —susurró—. Los aldeanos. Todos...

  La imagen la atravesó como una lanza. Rostros distorsionados, gritos, manos que intentaban escapar de un círculo verde que brillaba en el suelo.

  ?El demonio utilizó la piedra como núcleo de absorción espiritual. Los cuerpos alimentaron la matriz. Las almas, en cambio, permanecen aquí.?

  Las voces se intensificaron. No gritaban… lloraban.

  Maribel se cubrió los oídos, pero no había sonido físico. Era como si las lágrimas de los muertos se filtraran en su mente.

  Richard la tomó del brazo.

  —?Maribel! ?Qué ocurre?

  Ella lo miró. Por un segundo no lo reconoció. Su rostro se distorsionaba, multiplicándose, mezclándose con los de los muertos. Su propia voz resonó, lejana:

  —Yo… no sé si sigo siendo yo... siento... a todos... soy todos...

  Amara despertó sobresaltada, los ojos brillando.

  —El futuro está roto —dijo —. Las raíces… se mueven al revés.

  Silencio. Maribel soltó una carcajada seca, sin humor.

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  —Sí. Todo se mueve al revés. Hasta yo. Debo arreglarlo.

  Maribel escribió algo que no se entendía. Parecían delirios de arte abstracta.

  El sistema volvió a hablar, ahora con un tono grave.

  [Anfitriona. Escucha con atención: las palabras y los signos son métodos reservados a cultivadores de niveles superiores. Cada palabra escrita es una grieta abierta entre tú y el mundo. Si insistes, el mundo te mirará de vuelta.]

  Maribel cerró los ojos y se desmayó por un instante, ella caía al suelo lentamente. Y en la oscuridad, algo le devolvió la mirada.

  Una figura sin rostro, hecha de tinta y símbolos flotantes, sonrió.

  [Ya nos conoces.]

  Maribel despertó gritando. Aún jadeaba, la frente se cubrió de sudor frío. Las sombras del bosque parecían alargarse, siguiendo sus pasos. Cada crujido bajo los pies la hacía girarse, convencida de que algo respiraba detrás.

  —Maribel, tenemos que movernos —dijo Richard, sujetando el amuleto de teletransportación con manos temblorosas—. Si encontramos una vena espiritual activa, podremos salir de este maldito lugar.

  Amara se llevó los dedos a las sienes, cerrando los ojos.

  —El sur… —susurró—. A unos kilómetros hay un antiguo santuario. El qi ahí no está completamente muerto.

  —?Cuánto tiempo? —preguntó Richard.

  —Media hora… si nadie nos sigue.

  Maribel levantó la vista. El aire se deformaba entre los árboles, y por un instante vio destellos verdes moviéndose en direcciones imposibles, aún estaban lejos pero no tardarían en llegar.

  —No tenemos media hora.

  Aether abrió los ojos, confuso.

  —?Dónde está el maestro Nadir?

  Ella apretó los labios.

  —Nos alcanzará después. Pero primero debemos sobrevivir.

  El sistema habló, su voz más grave que nunca:

  [Recomendación: imposición de sellos. La anfitriona presenta inestabilidad cognitiva y riesgo de colapso espiritual.]

  —Hazlo —susurró Maribel—. Ciérralo todo.

  [Confirmar: bloqueo de acceso al dominio conceptual. Advertencia: pérdida temporal de afinidad emocional, percepción de vínculo y sentido de propósito.]

  —Solo hazlo… antes de que me mire otra vez.

  Hubo un zumbido en su mente, un dolor que le atravesó el cráneo. Y luego, silencio. Vacío. El mundo perdió color, como si lo observara a través de un velo gris. La calidez de Aether, la tensión de Richard, la ansiedad de Amara… desaparecieron. Todo se volvió distante, como un recuerdo ajeno.

  —Maribel… ?estás bien? —preguntó Amara, tocándole el hombro.

  —Sí —respondió con voz hueca—. Vámonos.

  El grupo se puso en marcha por barios minutos. Las raíces secas crujían bajo sus pies, y luego de un tiempo un viento extra?o empezó a soplar entre las ramas muertas. De pronto, el aire se impregnó de un hedor a sangre y moho.

  Richard desenfundó.

  —No es por el viento…

  De entre los árboles surgieron cuerpos. No vivos. No muertos. Cáscaras vacías que el villano había dejado atrás, guiadas por el qi residual. Sus ojos, completamente blancos, se movían con torpeza, pero sus pasos eran firmes.

  —Absorción secundaria —dijo Maribel, recordando en voz baja—. Está recuperando poder con lo que quedó.

  [Confirmación: energía espiritual drenada. Las entidades son residuos del proceso de sacrificio.]

  Aether gimió.

  —No quiero verlos…

  Maribel lo abrazó sin emoción alguna.

  —No los mires. Solo corre.

  Richard lanzó una onda de energía, abriendo un camino entre los cuerpos.

  —?Amara, muéstranos el rumbo!

  Ella cerró los ojos un momento.

  —Por allí… pero el flujo del qi es inestable. Si no llegamos lo antes posible, la corriente se apagará.

  Maribel se giró por última vez. Entre la masa de cuerpos, una figura los observaba a la distancia. No era el clon. Era más peque?o, más informe, como una sombra compacta que respiraba niebla verde. Y cuando habló, su voz sonó en todas las direcciones a la vez:

  —Tienen algo mío.

  El suelo tembló. Las raíces se abrieron, exhalando vapor negro. Amara gritó:

  —?Está rastreando nuestra energía! ?Debemos ocultarla!

  Richard se giró, jadeando.

  —?Maribel, tu habilidad! ?Necesitamos que nos pierda!

  Ella negó lentamente.

  —Ya no puedo usarla. La sellé.

  —??Qué?!

  —Si la abro otra vez… —Su voz se quebró, por primera vez con un destello de emoción—. El mundo me mirará de vuelta.

  La sombra dio un paso más. Cada vez que lo hacía, la tierra se marchitaba. Richard apretó el amuleto, el qi chispeando.

  —?Necesitamos más energía! ?Si no encontramos la vena espiritual pronto, moriremos aquí!

  Maribel miró al cielo. Por un momento creyó ver, entre las nubes, un resplandor tenue, como un río de luz que caía a lo lejos.

  —Por ahí… —susurró—. Hay qi suficiente… puedo sentirlo.

  Amara la miró con duda, pero asintió.

  —Entonces corramos.

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